La Biblia se compone de un mensaje central: Jesucristo. Está compuesta por 2 secciones principales conocidas como Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. Testamento es un término que equivale a alianza o pacto. Y la razón de los nombres de la división bíblica tiene que ver con los pactos que el Dios Creador estableció con el hombre; primero con la Ley por medio de Moisés, y luego con la Gracia mediante Jesucristo, que es el cumplimiento de la Ley y los Profetas.
Francisco de Miranda es uno de los próceres de la América independiente y es oriundo de Venezuela. Nació en 1756, de padre canario y madre criolla. Fue estudiante de matemáticas e idiomas en Cádiz, soldado del ejército español en África y entusiasta lector de las obras clásicas del liberalismo y la Ilustración.
Como se viene planteando aquí, la independencia de nuestra nación no es un hecho aislado, pues sucedieron muchos eventos que sirvieron para que se desencadene el proceso revolucionario que sirvió para la emancipación de los pueblos americanos.
Miranda se presentó en 1790 ante el primer ministro británico Pitt el Grande con un proyecto para la liberación de las tierras americanas, pero no recibió el apoyo esperado en ultramar, y entonces consideró buscar respaldo en la tierras norteamericanas y hasta se unió en sus filas para luchar en favor de la Unión de los Estados Americanos en su guerra de independencia.
Vale destacar que para lograr su cometido también fundó en Londres la logia masónica, y desde allí es que se formaron los hombres que luego militarían en la revolución. En 1806 Miranda intenta iniciar el movimiento revolucionario con apoyo británico y de Estados Unidos pero recibió el rechazo de la burguesía criolla con lo que fracasa..
Para Venezuela no fue sencilla la independencia de su país, declarada en 1811 y que logró ser controlada nuevamente por España hasta que surge el liderazgo del libertador de América, Simón Bolívar, que luchó junto a Miranda, logrando triunfar donde el Precursor había fracasado.
Cuando Fernando VII retoma el trono español se decide por recuperar el dominio sobre los territorios de ultramar, y siendo que el Río de la Plata era el destino primario, la misión realista encabezada por el general Morillo (1775-1837) extrañamente se dirige hacia Caracas para sofocar allí la rebelión que costaba demasiado a Bolívar y los revolucionarios entre los que luchaba también Miranda.
Hacia 1815 el control estaba otra vez en manos de la metrópoli y los focos revolucionarios solo se conservaban en Nueva Granada y el Plata. Perú había resultado ser fiel a la corona y por tanto era la fortaleza americana de los españoles.
Es difícil hoy imaginar la difícil tarea que tuvieron estos hombres que soñaron con ver un continente libre; nosotros somos los que hemos heredado la libertad por la que los héroes de América estubieron dispuestos a dar la misma vida.
Después de la revolución quedó la nada sencilla tarea de diagramar el modelo con el que serían gobernadas estas nuevas naciones. En aquellos tiempos imperaba el sistema monárquico en las principales potencias del mundo, pero una naciente nación había tomado las ideas democráticas que se planteaban desde la Ilustración y serviría de modelo para los pueblos latinoamericanos: Estados Unidos de América. El sistema republicano establecido como base de gobierno en Norteamérica tenía antecedentes en las antiguas Grecia y Roma, pero a finales del siglo XVIII no existía.
Para reflexionar:
¿Cuánto vale la idea de un hombre decidido a impulsar un cambio a como dé lugar?
Aprender de la historia es una de las formas más convenientes que tenemos para evitar cometer los mismos errores. Por eso, en el transcurso del año habrá un énfasis marcado en su estudio, tanto argentina como universal en este sitio. También la identidad ciudadana habla mucho de lo que somos como personas y también estará presente.
Al ser éste un año marcadamente importante para el pueblo argentino, y también para el latinoamericano, el recorrido por los laberintos del proceder humano hará que reflexionemos, que aprendamos y que decidamos también de qué modo pensamos obrar en el presente que nos compete para marcar con nuestra huella la historia venidera.
Como anécdota de los años de escuela, recuerdo que no me agradaba en lo absoluto el estudio de la historia. Supongo que en ello tenía mucho que ver la inmadurez, porque las advertencias de los mayores, que experimentaron ya con sus propias vidas como para aconsejarnos, no valen de mucho para la rebeldía que yace en el corazón de un niño en desarrollo.
Por alguna curiosa razón, de la materia que sí me enamoré fue de la geografía, pero era reacio al estudio de las demás ciencias sociales.
En mi segundo año de secundaria, fui elegido para actuar nada menos que como historiador precisamente para la conmemoración de la Revolución de Mayo. Fue la primera vez que vestí de traje con corbata.
Curiosamente ese año, mi profesor de historia (que no fue quien me eligió para la representación, donde sí tuvo que ver la profesora de Educación Cívica de quien nunca olvido que los años se leen de modo correcto: 1810 - mil ochocientos diez; y no mil ocho diez) me reprobó en la materia, y al reclamarle por eso me dijo que sencillamente lo hizo porque yo daba mucho más y que como lección para que me esforzara más, me descalificaba sin importar mis logros.
Al siguiente año, hubo cambio de profesor, y me quedó uno de los mejores recuerdos cuando todo el curso junto a la profesora Rosario, me aplaudieron después de consultarse sobre un resumen de lo que había tratado la materia en el año previo. En otra ocasión, le hice una pregunta a Rosario y ella me contestó: ¿Por qué me preguntás a mí, si vos sabés más que yo?
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El futuro está a la vuelta de la esquina, pero nuestro pasado está en una vistosa vidriera mostrándonos hacia dónde hemos estado yendo hasta hoy.
~ Javier
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Claro que eso no era cierto, pero son detalles difíciles de olvidar. Y es probable que allí comenzara a gestarse mi admiración por todo lo que sea del pasado. La memoria desarrollada cuando estudiaba geografía ayudaría mucho. Pero al día de hoy, todavía siento que sé poco sobre el pasado que nos trajo hasta aquí.
Puede que mi conocimiento sobre la historia bíblica compense bastante mi ignorancia, pero siempre que tengo ocasión, aprovecho el tiempo para aprehender algo de aquello que marcó el tiempo que nos precede.
Será este año la situación ideal para investigar un poco más sobre la historia de este pueblo bendito del hemisferio sur que sirvió de antecedente como para que toda Latinoamérica decidiera la independencia de sus naciones.
Puede que como casi cualquier profesor de historia, mi humilde intento de plasmar mi visión de lo que nos ha sucedido resulte aburrido, pero si algún lector llega hasta la zona sur de mis escritos y encuentra en ello algo reflexivo y útil, bienvenido sea.
Seguramente otro lo pudiera hacer mejor, pero no por eso desistiré de recorrer estos 200 años, y también lo anterior a esa época de criollos decididos a comenzar un camino tan difícil como el de dar identidad a un pueblo de tan basta diversidad.
El futuro está a la vuelta de la esquina, pero nuestro pasado está en una vistosa vidriera mostrándonos hacia dónde hemos estado yendo hasta hoy.